Qué mal se nos da dosificarnos, si no nos pasamos es que entonces ni siquiera estamos llegando; o nos necesitamos o no (nos) existimos. Te existo cuando me reclamas con esa urgencia y me existes cuando te regaño por ser tan guapo. Y entonces te digo que vengas, que os espero a ti y a tu sonrisa; ven el lunes vestido de tus ansias y haz que el sábado y el domingo sin parar de pensar en ti merezcan la pena. Podrías venir, ¿no? Que allí hace frío y yo puedo vestir tu cintura de besos -que no de versos, que de eso ya tienes ropa de sobra-. Aprovechar cada segundo sabiendo que nada dura eternamente; tú ven y ya nos preocuparemos del resto del mundo cuando te vayas, seamos nosotros hasta que 'nosotros' sean otros. Que qué más da si luego no sale bien -que no va a salir bien-, qué importa equivocarse cuando se ha disfrutado tanto del error. Ven, te prometo que te van a poder las ganas. No hace falta que nos queramos, ya nos querremos el día que nos cambie el concepto de comernos el mundo, aunque yo ya empiece a dudar que alguien pueda comerse el mundo sin comerte la boca.
Te aplaudo. Fascinante.
ResponderEliminar