Así he decidido bautizar a tu habitación. En el fondo eso es lo que fuimos siempre; tú no me buscabas, yo te encontré de casualidad y la inercia hizo el resto. Dos desamparados demostrando que pueden convertir cuatro paredes en un palacio. En qué momento se me ocurriría, ahora me toca buscar por cada bar los escombros de mis sombras. Que bucear en el recuerdo no es lo mismo que hacerlo por la cama y que ya sabes que aunque no tengo pulmones tú me haces inmortal. Que a veces me arrepentía de perderme en tu cama, sobre todo cuando te ibas y se quedaba tan fría y yo tan sola, más triste que el artista del verano. Luego volvías, llegabas, me mirabas y el mundo se me olvidaba -'mírame y déjame en coma', te tomaste esa frase al pie de la letra-. Y los puntos de sutura, los puntos de sutura hasta en el alma. Me golpeas, me besas y yo ardo, y aquí sigo, en pie sobre la lona. Es como si me gustara tenerte siempre por aquí, como si no hubiese nacido para otra cosa que para dejar olor a vainilla entre tus sábanas una y otra vez. Que no se puede ser tan difícil y a la vez tan fácil de querer, porque me lío. Y aquí te espero, dando golpes a la puerta de corazones perdidos. Te espero donde estoy, donde me quedé, donde me dejaste, si vienes me encontrarás volviéndome hasta ciega de buscar el beso que tiramos por la borda. Ojalá no leas esto, las letras me desnudan y yo estoy llena de complejos.
sencillamente increible! he sentido cada una de tus palabras... felicidades!
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