10.7.16

DE ILUSIÓN TAMBIÉN SE (SOBRE)VIVE

     Podría decirle que es todo lo que le falta a cualquier escala de grises; la frontera a la que llegas para quedarte a vivir. Decirle que es poder tocar el cielo sin mover los pies del suelo, que es querer y poder: quererle y poder. Que es morir de sueño y no querer dormir por si acaso al despertar descubro que nunca fue y mira, que sueños de esos ya he tenido suficientes para saber que estoy más despierta que nunca y aun así me echo a temblar cada vez que calla, cada vez que se convierte en quien un día tú hiciste que fuera, cada vez que tengo la certeza de que el que se me caiga el cielo entero encima es sólo cuestión de tiempo y de que aún no sé cómo voy a ser capaz de sujetarlo con mis manos.

     Podría decirle que empezar de cero y echar a correr no es perderlo todo si la línea de meta no está en la curva de cualquier espalda, hacerle ver que es él quien tiene miedo cuando soy yo la que corre hacia el precipicio sabiendo que el vacío no me va a sujetar cuando caiga.

     Podría convencerle de que tanto y de que todo, de que esta vez y de que yo sí, pero no serviría de nada porque siempre apareces borrando cualquier sonrisa y bajando miradas, porque sin saberlo echas sal en heridas que yo no atino a cicatrizar, porque un día acabaste con todo lo bonito que tenía y te fuiste dejándolo con lo poco que le queda, a lo poco que se agarra para no dejarse llevar.

     Podría decir tantas cosas: a ti, que no tienes derecho a ser sin estar; a él, que no tiene derecho a no dejarme que, a no darse la oportunidad de; a mí, que no tengo derecho a desaprender lo que tanto me costó aprender: que ser hogar de alguien que no sabe dónde quiere vivir nunca sirvió para nada y que una vez me prometí no volver a convertirme en el escondite de quien huye de aquello que en el fondo no quiere olvidar del todo. 

     Podría decir tantas cosas pero ya ves tú, que de ilusión sólo se sobrevive y cada quien se mata a su manera.

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