16.10.13

CRÓNICA DE LA ÚLTIMA NOCHE SIN SENTIDO

     Dicen que a veces es necesario retroceder un paso para luego poder avanzar tres. (Te) Retrocedo y me veo a mí misma cubierta de noches que ya tenía olvidadas. Las confundo unas con otras, todas me parecen iguales y dudo entonces si realmente las viví o si llegué a vivirte a ti, si no fuiste acaso un sueño dentro de un sueño. 'Que igual no es insomnio y son ganas de ti', solía pensar con frecuencia. Y te escribía, porque era lo único que no me habías quitado. Me arrepentía de no haberte besado más, de no haberte abrazado más, de no haber hecho algo más que marcharme dando un portazo por la puerta principal mientras tú escapabas por la trasera dejando un rastro de miedo y complejos. Y me arrepentía entonces de arrepentirme, y me obligaba a recordarlo todo. Tropezamos una y otra vez con la misma piedra porque tenemos la mala– costumbre de quedarnos sólo con los buenos momentos, y al recordar el pasado tal cual era te arrepentía a ti. Supongo que me quedaré con la duda de saber qué hubiese pasado de haberte dicho que aún te echaba de menos. Me habría gustado que me contases por qué te empeñaste en pintar mis días con sonrisas del color de tu piel para luego marcharte dejando muecas a medio terminar. Recuerdo también aquella noche en la que le hice un torniquete a mi corazón con las mangas que abrigaban los brazos con los que una vez te abracé; matar(te) o morir(me). Que se me rompía la sonrisa en cristales con sólo recordarte y que ya no sabía en qué parte del corazón matarme para que no me dolieras. Supongo que tampoco llegaré a saber nunca si tú me echaste de menos alguna vez, si aún lo haces o si te arrepientes de algo. Me lo pregunto retóricamente, en realidad no quiero saberlo. No importan las respuestas porque no hay respuesta que me pueda devolver todas aquellas sonrisas que dejaste por construir el día que decidiste declararte en quiebra y suspensión de pagos. 

     Hoy es la última noche que te escribo, una última vez que se esconde en mi pecho y se me atraviesa en la garganta cuando intenta suceder. Que no era cuestión de matarte o morirme, que la vida finalmente siguió para ambos, sólo que las nuestras no tenían cabida la una dentro de la otra. No te lo dije, ni aquella vez ni todas las que vinieron luego, que te echaba de menos. Entonces me arrepentí de no haberlo hecho, ¿y ahora? Ahora ya es tarde. Me pregunto si algún día dejará de ser pronto para contarte sin que me duela(s). 

     Al menos te abracé.

No hay comentarios:

Publicar un comentario