Me pregunto si pensaste lo mismo que yo, como si sólo hubiesen pasado minutos y no tantos meses. Si al estar hablando conmigo sentiste que no hacía falta esforzarse, como me pasó a mí. Volver a verte fue como levantar la partitura de una pieza musical desconocida, tropezar con ella sólo para darte cuenta de que es una melodía que habías aprendido de memoria alguna vez, una que puedes tocar sin ensayarla siquiera. Siempre pensé que la felicidad como tal era un fin, una meta que perseguimos a largo plazo, que hacemos esto o aquello para que nos haga felices en un periodo de tiempo más o menos determinado. Y entonces llega esa noche. Es tarde y volvemos a casa en un vagón de metro casi vacío, estás cansado y duermes en mi hombro. Me quedo mirando tu mano que está sujetando la mía y de pronto lo entiendo todo, que la felicidad es el viaje y no el destino. Felicidad es despertar y verte a mi lado aún dormido, oír tu respiración y hacer dibujos en mi mente uniendo las pecas que visten tu cuello. Felicidad y sonrisas, muchas. Esas que me provocas. Tres mil sonrisas mías por cada sonrisa tuya, una facilidad que has tenido desde siempre y que se ha ido acrecentando con el paso del tiempo. Apareces y cualquier pena se diluye haciéndose tan pequeña que deja de ser ventana abierta que remueve las cortinas raídas por aquellas tormentas que una vez me mojaron. Pídeme lo que quieras porque puedo hacerte feliz, porque puedo escribirte poemas en la espalda para que seas feliz sin saberlo, aunque lo supongas. Yo a veces juego a suponerte. Te supongo llevando la ropa que esos días secuestré y llevé yo, mezclándose tu perfume con el mío, con esos ojos a veces azules y a veces verdes en los que me perdería una y otra vez. Para cada cosa hay una vez que es la última y desde que tengo esa certeza ya nada me sucede suficientes veces, y tú aún tienes que sucederme tanto... Que nuestro último baile sea siempre el penúltimo, nuestra última copa la primera y a nuestro último beso le sigan siempre otro baile, otra copa y tres besos más. No suele gustarme pensar en el futuro, no podemos predecir lo que va a pasar y casi siempre resulta que lo que no esperabas es lo que siempre habías querido de verdad. Y cuando el tiempo se para y, de repente, cada instante cuenta, lo único que quieres es que ese momento dure para siempre. Hasta pronto, lo prometo, mientras tanto ojalá muchas cosas.
Qué bonito es sentir lo que uno escribe y escribir lo que uno siente.
ResponderEliminarHermosas palabras, de las mejores entradas (;