Le quise como tantas veces quise como nunca a nadie, con todo mi miedo. La primera vez que me abrazó temí que dejara de ser él para convertirse en otro. Tenía miedo de dormir por si al despertar ya no estaba al otro lado de la cama, y al abrir los ojos por la mañana y ver el sol reflejado en sus labios temía seguir soñando porque, ya ves tú, desde cuándo la magia existe. Durante todo ese tiempo no supe si estaba despierta o soñando, si no sería todo mentira; y nunca pude sacudir mis miedos porque temer perderle era mi forma de quererle, porque quizás ese pánico sea la única manera en la que se puede querer a un hombre como él. Y porque después de todo tal vez tenga razón Marwan y ahora que casi todo salió mal tendríamos que brindar por haber salido ilesos. Más o menos.
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