Podría haber ocurrido cualquier cosa, pero (me) ocurrió él. Nadie me avisó y a él sólo le bastó rozarme el cuello con los labios para hacérmelo entender; que ya era tarde, digo. Tarde para todo lo que no fuese odiar sus brazos, sus dedos y su pecho por todas las veces que me quise ir y al final sólo pude pensar en quedarme para siempre; y ya no se me ocurren excusas. No sé si alguna vez le habrán querido bien, si necesita que le quieran como necesita respirar o ya se olvidó de lo que se siente cuando te lo dicen todo sin despegar los labios ni emitir sonido alguno. Que a lo mejor se olvidó de querer y ya ni siquiera respirar sabe, que igual un día se ahoga con todo el amor que dio y no le devolvieron. Que quiero saber dónde le duele para cicatrizarle; que le voy a besar hasta la distancia porque es la peor herida que tenemos. Y que otra cosa no, pero paciencia en lo que pasa el tiempo y pueda estar recordándole lo bonito que se ve el mundo desde su cintura, menos.
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