18.1.16

DE GIN-TONICS Y ALTURAS

     Solía sentarme a escuchar pasar el tiempo. Allí donde los relojes no avanzan, donde nunca llovía donde llovías tú todo el tiempo, donde conservaba intactos todos los recuerdos. Es que, verás, sucede que a veces te encuentras un caso perdido y te dejas ganar. Te tropiezas con una piedra preciosa y te la quedas. Tu playa en Sevilla, tu Cádiz lejos de Cádiz, tu hogar entre cuatro paredes cualesquiera. Y ves belleza donde los demás sólo ven geometría, cuántas veces miraba hacia tu lado de la cama sólo para comprobar una vez más lo guapo que estabas al dormir, intentando aprenderte de memoria para que no me dolieras las otras tantas en las que estiraba el brazo y no te encontraba. Que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, pero yo sí lo sabía. Aprendía rápido y cada despedida era otra lección que me empeñaba en olvidar para poder decir <<hasta pronto>>. Cien batallas perdidas por cada adiós que mis labios se han negado a pronunciar; pasearme por ti era pasearme por mí misma y cómo encontrarme en mapas que no recorren mis pies. No se puede.

     Llega la hora de despertar o de dormir para siempre y, sin saber muy bien cómo, he acabado aquí, justo donde (te) empecé. A tiempo, porque no pasa, respondiendo aquella pregunta que me hiciste , contándote que los superhéroes sin capa siempre serán los que salvan más vidas y la mía cuando tú no necesita que la salven; porque hoy en día todo el mundo parece triste y cuando tú estás cerca yo no soy uno de ellos.

     He sabido ver, quizá demasiado tarde para cualquier cosa, que el tiempo sí pasa, que soy yo quien sigue siendo la misma, quien corre hacia atrás. Somos lo que recordamos y existimos para quien nos recuerda. Ojalá me lo hubieses preguntado antes; a lo mejor habría podido explicártelo, a lo mejor incluso hasta me habría dado cuenta antes de que no había más vida que la que me eligió. Que te quería porque no podía no quererte: que ojalá todo lo que nunca pasó. Ojalá.

No hay comentarios:

Publicar un comentario