17.9.15

QUERIDO PASADO:

     El amor es como el alcohol: se nota. A ti no se te notó, o se te notó que no, si prefieres ver el vaso medio vacío, que siempre fuiste muy de eso –de vaciar vasos aunque rebosen para inventarle motivos a tu desinterés, digo–. Gracias por enseñarme que las personas que amamos a veces se van y que aunque en un principio creemos que todo se paraliza, lo único que se paraliza es nuestra vida; el resto de mundos continúan y o te mueves o te arrollan. 

     Sé que si se logra creer en ello uno podría inventarse un pasado que no tuvo y sería como si lo hubiera vivido de verdad, lo sé porque no imaginas qué futuro tan bonito viví contigo en ese pasado que nos regalaste aunque tú nunca te enteraras; porque yo, para variar, lo hice todo mal y lo que me inventé fue un presente que nunca quiso hacerse tangible. Y como no podía arrancármelo del cuerpo, me lo arranqué de la memoria. Me mentí a mí misma, me obligué a creer mi propia verdad y obligué a los demás a creer. Que me encontraba mejor lo decía cada vez con voz más baja y cada vez lloraba más a menudo; como no podía mantenerme de pie, decía que no quería levantarme. Cuántas veces perdí días enteros viviendo el jueves dos veces para descubrir luego que había perdido el miércoles.

     No sé, ni me importa, si en tu extraño mundo eres feliz, pero quisiera contarte que aquí, en el mundo real, aún quedamos personas que intentamos no joderle la vida a quien nos quiere –gracias también por enseñarme a valorar a quien me sujeta para no caer al vacío aun a riesgo de caer conmigo, por cierto–. Y no te pregunto si eres feliz, porque uno sabe que fue feliz sólo cuando ya no lo es y porque lo que sucede con ese músculo del lado izquierdo que bombea sangre es que ni siquiera sabe lo que quiere hasta que ha dejado de tenerlo delante.

     Ahora ya todo da lo mismo, pero esta noche quería darte gracias por enseñarme que vayas a la velocidad que vayas al final acabas siempre en el mismo sitio, que no es otro que el eterno punto de partida: gracias por hacerme ver que se puede volver a empezar mil y una veces. Gracias porque desde que tú nunca me arrepiento de estar en un sitio y no en otro, de haber podido hacer algo y no haberlo hecho, porque si no lo hice fue porque no pude y si lo hice fue porque no pude haber hecho otra cosa; gracias por enseñarme que siempre y en todas partes es lo mismo que nunca y en ningún lugar.

     Esta noche el vaso me lo bebo yo, lleva vodka y el consuelo de saber que lo que fue y pasó no existe ya y es como si jamás hubiese existido. Y a ti, mi pasado favorito, ese que nunca más será(s), gracias y qué pena, pero menos mal.


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