A veces lo único que conocemos de las personas que queremos es la imagen que nosotros mismos nos hemos formado de ellas sin ningún tipo de fundamento. Ocurre a veces también que las preguntas más difíciles de formular -y las respuestas más difíciles de escuchar- son aquellas que se contestan con un 'sí' o un 'no'. O quizá mi problema fue siempre anticiparme a los hechos, plantear preguntas segura de una respuesta que no es la que finalmente obtengo y que me deja ahí de pie, sin saber qué hacer ni qué decir, con esa cara de idiota que siempre me ha caracterizado. Por eso -una vez más-, opto por no arriesgar. Me callo. Me cargo a la espalda esas preguntas que nunca salieron de mi boca y las saco a pasear. Me cruzo por la calle con cientos de personas y nadie levanta la vista, nadie se acerca y me pregunta por qué tengo los bolsillos llenos de dudas. Tengo ganas de gritar, de llamar la atención de todas esas personas, de romperles el tímpano si es necesario para que escuchen lo que no me atreví a decirle a él antes de que termine de desgarrarme por dentro: '¿Es que no va a decirle nadie que si sigue así va a perderme?'. Me pasa siempre, cuando me siento diferente pienso que el resto del mundo se dará cuenta, pero nunca nadie se da cuenta de nada. Él. Estábamos a tantos años luz el uno del otro que mis secretos a voces a él le llegaban en susurros, al menos aquellos que no me guardé, que hay cosas que pronunciadas en voz alta revelan verdades de una magnitud que no sabemos con certeza si podríamos soportar. A veces no echamos de menos a esas personas que creíamos conocer y nunca conocimos, sino a los recuerdos que tenemos de ellas, recuerdos de cosas que nunca nos pasaron y que no nos hicieron felices.
Me ha encantado, como siempre, eres genial :)
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