29.7.13

INVENTARIO (II)

     En una misión suicida buscando que alguien la salvara se agarró a un clavo ardiendo, que si no sacaba al anterior decía, al menos lo solapase; cómo le explicas tú que así lo único que va a conseguir es deteriorar más y más la marca que dejó el primero allí, a la izquierda de su corazón, en el corazón de su corazón. Intenta cambiar el curso de los acontecimientos, acelerarlos para que todo pase y termine pronto y se da cuenta que no puede, que no es que todo pase por algo, es que las cosas pasan porque no puede pasar nada más. Vino a devolverle más vida de la que sabía perdida, a despertarla sin saber que andaba dormida. Y todo eso con verle sonreír. Ahora quiere saber cómo se cambia de forma de ser y de pensar de un día para otro. Y de sentir. Y no puede, porque no se puede. Se decanta por lo único que está en su mano y le dice a su orgullo que se aleje hasta donde ella no puede todavía, que la espere allí, que ya irá cuando la dejen. Vuelve entonces la vista atrás intentando recordar cuándo fue que empezó todo, busca sus fantasmas y los encuentra muertos de risa. También están Él y esas cosas que ya nunca podrán hacer, todos sus problemas de autoestima y sus ganas de no volverle a ver, no al menos con los ojos de quien mira un sueño. Se mira al espejo y no le gusta lo que ve, lo que le ha quedado, que no es más que una versión defectuosa de Él, una versión equivocada y confusa; amor atrancado en las manos, cansancio y prisa. Y todo lo que le pueda llegar a doler afirmar.


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