Mirad, dejad que os hable de él. De mi golpe de suerte, la cosa más bonita a la que le he pasado nunca, la estrella que aparece sin avisar como neón fluorescente cuando caminas perdida en el desierto de Las Vegas. Es la tormenta después de tanta calma, el que me hace se(nti)r por encima de las posibilidades de cualquiera. Su declaración me salió a revolver y diría que es como un paraguas de colores cuando llueve si no hiciese tantas lluvias que ya sólo me moja él. Es ese que llega para coger lo imposible y hacerlo existir, el que convierte gigantes en molinos, y con cada batalla que vence me regala una vida, que es la suya. Bajo los ojos tiene pecas que a veces me distraen y hasta dejo de escucharle, pero luego me dice que soy preciosa, me besa y vuelvo a mi realidad, que no es otra que él. Tendría que pedirle perdón si acaso no estuve alguna vez a la altura de sus circunstancias, pero es difícil querer más rápido de lo que sabes que quieres. No sé si me explico, las palabras se me atragantan y no sé a cuántos abrazos estará ahora mismo, pero sé que son más de los que caben entre estos dos brazos que no quieren otra cosa que dinamitar distancias. Porque es la voz que grita desde fuera de cualquier pesadilla y seguro que allí, donde él, si no amanece antes, al menos lo hará más bonito. Y si acaso las palabras me alcanzan y no se me atragantan, diré que no es otra cosa que aquello que siempre necesito, y que podría incluso sentir celos cuando acaricia las seis cuerdas de su guitarra y no a mí.
Que soy preciosa, dice. Y joder, como si no fuese él quien me hiciese preciosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario